Dícese, en la Mancha Oriental, al acto de ponerle huevos a las gallinas cluecas, para que los incuben, operación más compleja de lo que parece, dado que la cloquez es un estado etéreo y casi místico, por tontorrón, que esas aves (como otros animales a los que se puede trasladar) no siempre demuestran sin equívocos. Lo cual da lugar a pérdidas de tiempo (y huevos), por los muchos chascos, incidencias y espantadas a que da lugar, con el consiguiente cabreo del propietario. Por todo lo cual siempre es de apreciar aquél que tenga un buen ojo a la hora de estimar el preciso instante en que, una vez amaga el ave, se le puedan echar huevos sin peligro de dejarte más tirado que Cagancho en Almagro.